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Los políticos de los grandes partidos europeos están preocupados con la subida de partidos como el Frente Nacional, Alternativa por Alemania o el UKIP. Los actuales dirigentes políticos claman contra la xenófobia de estos partidos. Pienso que esto es de cara a la galería. Partidos como la UMP o el propio PP han demostrado con sus políticas que tampoco son muy amigos de los inmigrantes. No llegan al nivel del Frente Nacional o similares, pero creo que en el fondo se alegran de esta subida de los xenófobos. Les hace saber que pueden aplicar políticas de restricción a la inmigración sin que vayan a sufrir mucho rechazo popular.

El otro matiz de estos partidos es el euroescepticismo. Para algunos es su principal estandarte, como en el caso del UKIP de Nigel Farage. Esto preocupa más a los partidos tradicionales. El euroescepticismo busca desmantelar las instituciones europeas. Desmantelar instituciones suele poner nerviosos a los partidos tradicionales.

Es muy sano que haya una corriente euroscéptica dentro del parlamento europeo. Durante mucho tiempo se ha dado por supuesto que la Unión Europea es buena “per se”. Se ha asumido a la hora de hacer políticas que el mercado común, la moneda única, las cuotas agrarias o el espacio Schengen son buenos e irreversibles. Ahora se está tratando de avanzar más en esta unión, con la unión bancaria o la búsquedas de políticas fiscales comunes. Y se iba a hacer sin pararse a explicar las razones para hacerlo.

El euroscepticismo obliga a los europeistas a defender sus posturas. A no dar por supuesto que todo lo que sea “más Europa” es bueno de forma innata. A tener que someter a las ideas a un proceso de filtrado más fuerte. La Unión Europea seguirá avanzando hacía una mayor integración. Pero ahora no se podrá hacer sin pararse a pensar en los efectos negativos que tiene esta mayor integración. Y habrá más interés en minimizarlos, o seguirán aumentando las voces que pidan pararlo todo para empezar a desmantelarlo.

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