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“Para sanear la economía hace falta mejorar la confianza. Se necesitan reformas y poner una alfombra roja a los emprendedores. No podemos salir de la crisis sin esfuerzo, debemos aumentar la competitividad y reforzar la marca España. Con confianza y trabajo, saldremos de esta”

“La crisis no puede cebarse en los de siempre, la salida a la crisis ha de ser social o será injusta. La economía no puede ser excusa para una regresión en los derechos ciudadanos. Existen unas lineas rojas que no se pueden traspasar, que son la sanidad y la educación. Necesitamos aplicar políticas de izquierdas”

Estos dos párrafos no han sido pronunciados por político alguno, pero podrían incluirse en el discurso de muchos de ellos y no nos resultarían extraños. Es lo que yo llamo chachiprogres y guayliberales.

Estos políticos, o aspirantes a serlo, emiten un discurso vacío, lleno de palabras que asociamos a su ideología. Me resulta ridículo escuchar a un político de izquierdas diciendo que hay que aplicar políticas de izquierda. Igualmente ridículo oír a un político de derechas que necesitamos apoyar a los emprendedores. ¿Por qué? Porque son epítetos, no aportan nada. Es como decir que agua moja o que la nieve es blanca. Palabrería vacía, bonita, pero sin fondo.

No quiero que un político de derechas me diga que hace falta una alfombra roja para los emprendedores. Quiero que me diga a que porcentaje va a bajar el impuesto de sociedades. Cuanto dinero va gastar en impulsar la creación de nuevas empresas. O que trabas administrativas piensa retirar. Y también sería de agradecer que indicará el descenso de la recaudación que calcula que estas medidas tendrían para el estado y que partidas recortará.

No quiero que un político de izquierdas me diga que hace falta una salida social a la crisis. Quiero que me indique el impuesto que pondrá a las rentas más altas, o si va a tasar las transacciones financieras. Quiero que me diga que obras públicas piensa realizar y cuanto empleo público piensa crear. Y también sería de agradecer que me mostrará un estudio que me justifique que los cambios fiscales compensarán el aumento del gasto público.

Sin embargo esto no pasa. Los políticos actualmente no buscan convencer con argumentos. Buscan conseguir el aplauso de los suyos. Y es más fácil que te aplaudan cuando dices las palabras que tu público espera oír, que cuando planteas datos y soluciones técnicas.

Y aún así, seguimos aplaudiendo.

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