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Alcanzar el equilibrio presupuestario durante una recesión económica es complicado. La situación hace que los ingresos bajen, al haber menor recaudación de impuestos, mientras que aumentan los gastos, pues la partida destinada al desempleo se irá incrementando. No hay medidas sencillas ni fáciles, pero si puedes tratar de minimizar el efecto perjuicioso de las mismas. Como alternativas a lo realizado por el gobierno, se me ocurre las siguientes:

–  Aumentar los impuestos al capital y a segundas residencias no ocupadas. Comenté en el artículo anterior que subir el IVA en época de recesión es mala idea, pues perjudica el consumo. Puestos a subir impuestos, mejor hacerlo sobre capitales que no están produciendo, forzando a que entren en la economía o recaudando si no lo hacen.

– Cargar a los grandes depositantes parte de los rescates bancarios. Lo realizado en Chipre. En vez de rescatar a los bancos entre todos a través de deuda pública, se podría haber pagado una buena parte del mismo forzando a los grandes depósitos a asumir perdidas a partir del límite no garantizado.

Un efecto secundario de las dos anteriores medidas debería ser el aumento de las inversiones en deuda pública, como refugio seguro para el capital. Lo que facilitaría la financiación del estado.

– Recortes, si. Pero planificados. Durante el boom del ladrillo se aumentó el gasto del estado, provocando un estado sobredimensionado una vez explotada la burbuja. Sanidad o educación deberían ser las últimas partidas donde tocar. Se puede priorizar el recorte en defensa o infraestructuras. Especialmente en lo segundo, pues es uno de los principales puntos de gasto. Dentro de la linea de recortes, el gobierno prometió una reforma de la administración para eliminar duplicidades y ahorrar millones de euros. Esta reforma lleva retraso, debería haber sido de las primeras medidas tomadas.

– Para finalizar, tenemos una serie de partidas que las estadísticas demuestran que por cada euro invertido, el estado recauda varios veces dicha cantidad. Una es la lucha contra el fraude fiscal. Otra, los planes de estímulos a sectores concretos, como el automóvil. Posiblemente no se llegase a recaudar mucho dinero por aquí, pero son puntos en los que el perjuicio suele ser nulo, con lo que deben ser explotados al máximo.

Comentar algo sobre algunas de las medidas que se suelen exigir a los políticos, como que se bajen los sueldos o que eliminen coches oficiales. El gasto aquí es casi testimonial y no soluciona el problema de base. Aunque de cara a dar imagen de responsabilidad y austeridad, sería muy buena política recortar también por esta parte.

En resumen. Aumentar los impuestos allí donde no se daña la reactivación económica y planificar los grandes recortes de gastos. Lo que no se puede hacer es penalizar el consumo, ni decir que hay que recortar 10.000 millones en educación y sanidad, y ya veremos donde exactamente.

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