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Pasa de vez en cuando. Algún político con cargo dice alguna idiotez. La gente se mosquea, hace mofa y se pone a hablar de ello. Yo mismo lo he hecho más de una vez. Hay algo de egolatría en ello. Puedes sentirte y reafirmarte como una persona más inteligente que alguién que está en el poder. Y que debería estar más capacitado y preparado que la media de la población.

Es natural reaccionar en contra de determinadas declaraciones. El problema está en que mientras el debate se centra en estas salidas de tono, se desvía del tema central. Mientras se discute sobre la forma de las protestas no se discute sobre el fondo. Mientras se discute sobre palabras que se llevará el viento, no se habla de lo que se ha dicho en sesión parlamentaria con el objetivo de legislar. No se habla de leyes que perdurarán en el tiempo.

Soy de los que piensa que no hay que atribuir a la maldad lo que se puede atribuir a la estupidez. Y estoy en contra de ver cortinas de humo en cualquier lado. Pero a veces pienso que estás declaraciones se hacen queriendo, buscando la distracción. Una frase que se deja caer como por descuido y ya tenemos tema del día. Se deja de hablar sobre que se va a cambiar en la próxima ley. Sobre las próximas reformas. Y se habla de la anécdota.

No hay que ignorar este tipo de salidas de tono. Pero no deberíamos hablar sobre ellas más tiempo del que empleamos en hablar de las cuestiones de fondo. Las que realmente importan y afectan.

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